Carta abierta a la Dirección Nacional del PSUV, a sus militantes de base y al pueblo revolucionario de Venezuela
Compañeros y compañeras:
Escribo en una hora crucial, mientras los tambores de la guerra imperialista retumban en nuestras costas. El presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores han sido, según denunciamos todos, secuestrados en una acción militar estadounidense. Venezuela resiste, y el llamado del partido a la movilización y la unidad es claro y necesario. Ante este ataque sin precedentes, la solidaridad se activa en todo el mundo. Sin embargo, en el fragor de la batalla inmediata, es imperativo que nuestra mirada no se nuble. Debemos ver más allá del momento presente y aprender de los espejos históricos que nos advierten sobre los peligros internos que pueden derrotar a una revolución, aun cuando el enemigo esté a las puertas.
La convocatoria a un Congreso Bolivariano del Poder Originario Constituyente para debatir reformas profundas al Estado y la economía es un paso significativo. Habla de la necesidad sentida de reestructuración y renovación. Pero los documentos, las convocatorias y las estructuras de poder son huecos si no están cimentados en una unidad real, orgánica y táctica entre todas las fuerzas del pueblo. Es aquí donde la historia de Nuestra América nos grita una lección que no podemos ignorar.
La lección argentina: Cuando la ausencia de un "roce" fue una derrota
En los años 70, Argentina fue escenario de una de las insurgencias revolucionarias más potentes del continente. De un lado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, con una raigambre nacional-popular y peronista. Del otro, el Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), de orientación marxista y clasista. Ambos movimientos masivos combatían al mismo enemigo: la oligarquía local y la dictadura genocida que la sostenía.
La lección trágica, y la que nos concierne hoy, es esta: no tuvieron ni un "roce" significativo de coordinación militar o política. Fueron dos ejércitos combatiendo dos guerras paralelas en el mismo territorio. Sus diferencias ideológicas —el sujeto revolucionario, la estrategia, la tradición política— se elevaron por encima de la necesidad estratégica de unificar fuerzas contra un enemigo común que, sí, estaba perfectamente unificado. El resultado fue previsible y catastrófico: la dictadura pudo aniquilarlos de manera segmentada, diezmando primero a uno y luego al otro. Su aislamiento mutuo no fue una virtude de pureza ideológica, fue el factor clave que facilitó su aniquilación. Perdieron porque lucharon separados.
Venezuela: La unidad en el discurso vs. la unidad en la trinchera
Hoy, el chavismo se enfrenta a su momento de mayor prueba. La agresión es directa, descarada y de una magnitud que exige una respuesta a la altura. La consigna es, correctamente, la "unidad absoluta". Pero debemos preguntarnos con sinceridad revolucionaria: ¿de qué unidad hablamos?
La unidad no puede ser solo un coro unísono detrás de una consigna en una marcha. No puede limitarse a la obediencia vertical a un mando en medio de la crisis. La verdadera unidad revolucionaria es la que se forja en la lucha concreta, en la fusión de experiencias, en el "roce" constante entre el partido, la milicia, los colectivos, los trabajadores organizados en control obrero, los movimientos de base en los barrios y los campesinos. Es la unidad que Chávez pedía cuando hablaba de radicar el poder en la base y las masas, y de terminar con las asignaciones a dedo.
Sin embargo, desde dentro del proceso, voces llevan años señalando una peligrosa fractura: la de una burocracia reformista que, agazapada, desconfía del pueblo y sabotea su poder autónomo. Se habla de la cooptación, el nepotismo y la descalificación del debate interno dentro del partido. Se denuncia cómo estructuras destinadas a la participación obrera son saboteadas por directores y ministros más interesados en el control que en la potencia popular. Esta es la "ausencia de roce" venezolana: la desconexión entre una dirección que impone su voluntad y una base creativa, movilizada y llena de propuestas que se siente ignorada.
Un llamado desde la historia y la urgencia
El imperialismo no nos ataca solo por nuestro petróleo o por desafiar su hegemonía. Nos ataca porque vieron, en el chavismo, el germen de un poder popular unificado, soberano y contagioso. Nuestra fortaleza siempre residió en esa fusión. El peligro mortal en esta hora no es solo el ejército de Donald Trump; es repetir el error argentino y dejar que nuestras propias divisiones tácticas, nuestros celos burocráticos y nuestra falta de una unidad operativa real nos conviertan en blancos fáciles.
Por eso, el llamado de esta carta es triple:
Unidad de Acción, no de Slogan: La movilización del 4 de enero debe ser el inicio. Se requiere un estado mayor conjunto de la resistencia, donde las UBCH, los colectivos, los trabajadores de las empresas recuperadas y la FANB planifiquen y actúen como un solo cuerpo, respetando sus especificidades pero subordinándolas al objetivo común.
Radicalizar la Democracia Interna: Esta crisis exige abrir, no cerrar, los canales. El Congreso del Poder Originario debe ser la oportunidad para que las bases, los críticos leales y las experiencias de poder popular como la Heroínas de Aragua tengan voz y voto real en la estrategia nacional. Hay que recuperar el método "Ver-Juzgar-Actuar" que tanto éxito dio en las luchas de base.
Aprender del Enemigo (y de nuestros errores): El imperio es monolítico en su objetivo. Nosotros debemos serlo en nuestra defensa. La lección de Argentina es clara: en la guerra asimétrica, la fragmentación es sinónimo de derrota. No podemos permitir que la "unidad" sea una foto para la prensa, mientras en la retaguardia se libra una sorda guerra contra la iniciativa popular.
Compañero Diosdado, compañero Padrino López, comandantes todos: la historia los está observando. No serán juzgados solo por su coraje frente al invasor —que no dudo—, sino por su capacidad para forjar, en el calor de esta batalla, la unidad de verdad que el Comandante Chávez soñó y que el pueblo necesita para vencer. No dejemos que el futuro diga de nosotros lo que la historia dice de las gloriosas y divididas organizaciones argentinas: que tenían razón en su combate, pero fracasaron en su estrategia de unidad.
¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!
¡Chávez Vive, la Patria Sigue!
Un militante de la causa bolivariana y estudioso de nuestras derrotas para no repetirlas.
5 de enero de 2026
Comentarios
Publicar un comentario