El Fantasma del PRT a China le Sonríe: La Herejía Sinérgica
Hay un fantasma que recorre los pasillos de la izquierda latinoamericana, pero no es el que anunciaron Marx y Engels. Es uno más local, más argentino y, sobre todo, más hereje: el fantasma del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Y hoy, desde su historia de lucha y debate teórico, ese fantasma observa el ascenso de la República Popular China y sonríe con la complicidad de un viejo aliado. No es la sonrisa del discípulo que ve triunfar al maestro, sino la del compañero de ruta que reconoce en el éxito del otro la validación de una intuición estratégica compartida: la de la sinergia revolucionaria.
Durante décadas, la caricatura intentó encasillarnos. Se habló de foquismo, de trotskismo, de un sincretismo confuso. Pero la verdad, esa que vive en nuestros documentos y en nuestra práctica, era otra. Éramos arquitectos de una síntesis de alta complejidad. No éramos puros, éramos efectivos. Y en nuestra mochila teórica, en lengua erpiana, teníamos:
Tenemos algo de Lenin, en la construcción del partido como vanguardia organizada.
Tenemos algo de Stalin, en la comprensión de la construcción del socialismo en un solo país y la necesidad de un Estado fuerte para defender la revolución.
Tenemos algo de Mao, en la estrategia de la Guerra Prolongada, adaptada creativamente no al campo, sino al corazón industrial y urbano de Argentina.
Tenemos algo de Guevara, en la práctica insurgente y la moral del hombre nuevo.
Tenemos algo de Trotski, en la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado –explicada por Novack y el SWP–, aplicada creativamente a múltiples temas de nuestra realidad concreta.
Tenemos algo de Gramsci, en la lucha por la hegemonía dentro de la sociedad civil.
Tenemos algo de Luckacs, en la dialéctica de la totalidad como método para comprender la realidad social en su conjunto.
Esta no era una mezcla ecléctica, era una aleación revolucionaria, tan única y potente como la que forjó el Partido Comunista Chino en su camino al poder. Nuestra estructura era una máquina sinérgica que buscaba operar en todos los frentes a la vez.
Por eso nuestra sonrisa de fantasma hacia China no es de envidia, sino de reconocimiento fraterno. El PCC no triunfó por pura ortodoxia, sino por su capacidad herética de moldear la teoría a la realidad concreta de un país campesino. Ellos materializaron, de manera exitosa, el principio que guió nuestra propia propuesta: la revolución no es la aplicación de un dogma, sino la creación estratégica a partir de una circunstancia histórica específica.
El fantasma del PRT les mira hoy y sonríe. Su sonrisa plantea una pregunta, no para nosotros, sino para ustedes, los lectores de este presente:
"Dejen atrás los cajones y las etiquetas. Nosotros, con nuestros errores y aciertos, lo intentamos. China, a su manera, lo está logrando. La pregunta para ustedes es: ¿tendrán el valor de ser herejes y creativos como lo fuimos nosotros, de construir su propia síntesis sinérgica para un poder popular a la altura de los desafíos de este siglo?"
La respuesta, les toca a ustedes.
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