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Nadie sabe qué cosa es el sionismo.

Primer Apunte: Ni solo nacionalismo ni solo religión: ¿Qué es realmente el sionismo?

Subtítulo: Un intento de clarificar el concepto más debatido y peor entendido de nuestro tiempo.

Pocas palabras generan hoy una reacción tan inmediata y visceral como "sionismo". Para algunos, es sinónimo de opresión, racismo y colonialismo. Para otros, es la expresión legítima del derecho a la autodeterminación del pueblo judío. En el fragor del debate, el término ha perdido su significado histórico y se ha convertido en un arma arrojadiza. Este artículo no busca tomar partido, sino explicar con la mayor precisión posible qué es, de dónde viene y qué significa hoy el sionismo.

El Núcleo Irrenunciable: Un Movimiento Nacional

El sionismo no es un complot, ni una doctrina religiosa, ni un simple "conjunto de ideas". En su definición más esencial y certera, es el movimiento nacional del pueblo judío. Surgió a finales del siglo XIX, impulsado por figuras como el periodista Theodor Herzl, como respuesta a una evidencia trágica: el antisemitismo europeo, incluso en sociedades ilustradas, no desaparecería con la asimilación. El Caso Dreyfus en Francia, donde un oficial judío fue injustamente condenado por traición, fue el detonante para Herzl. La única solución duradera, razonó, era que los judíos, como cualquier otra nación, tuvieran un Estado propio en su patria ancestral, la Tierra de Israel.

Este es el tronco del que nacen todas las ramas. Sin la premisa nacionalista —"los judíos son una nación con derecho a la autodeterminación territorial"—, el sionismo simplemente no existe.

Las Muchas Caras del Sionismo: Un Movimiento Multidimensional

Aquí es donde nace gran parte de la confusión. Como todo movimiento nacional exitoso, el sionismo no fue ni es un bloque monolítico. Desde su origen, albergó corrientes muy diversas que disputaban el alma del futuro Estado. Es correcto decir que tiene dimensiones políticas, económicas, religiosas y culturales, pero siempre al servicio de ese objetivo nacional.

  • Sionismo Socialista (Laborista): Fue el dominante en los primeros años de Israel. Mezclaba el ideal nacional con el socialismo marxista o socialdemócrata. Su objetivo era crear un Estado donde los judíos no solo se gobernaran a sí mismos, sino que lo hicieran bajo principios de justicia social, trabajo agrícola y colectivismo. Los kibutz (comunas agrícolas) son su creación más emblemática. Su líder principal fue David Ben-Gurión, el fundador del Estado.

  • Sionismo Revisionista (de Derecha): Fundado por Vladimir Jabotinsky, era su polo opuesto. Creía en un nacionalismo liberal en lo económico, firme en lo militar y maximalista en lo territorial. Rechazaba la lucha de clases y priorizaba la construcción de un "Muro de Hierro" (poder militar disuasorio) para obligar a los árabes a aceptar la existencia del Estado judío. Es el padre ideológico del actual Likud de Netanyahu.

  • Sionismo Religioso: Minoritario al principio, interpreta el retorno a Sion no solo como un acto político, sino como un mandato divino y el preludio de la redención mesiánica. No ve contradicción entre oración y política. Hoy en día es una fuerza muy poderosa, principal impulsora del movimiento de los colonos en Cisjordania, a la que ven como la Judea y Samaria bíblicas e irrenunciables.

  • Sionismo Cultural/Espiritual: Su líder, Ahad Ha'am, criticó el proyecto político de Herzl por "vacío" de contenido judío. Sostenía que lo prioritario no era un Estado para todos los judíos, sino un "centro espiritual" en Palestina que irradiara cultura, lengua y ética judía renacidas, revitalizando así la vida judía en todo el mundo.

  • Sionismo General: Una corriente centrista y liberal que ponía la construcción del Estado por encima de cualquier ideología socioeconómica o religiosa concreta.

¿Por qué Algunos lo Ven como un "Conjunto" de Ideas Sueltas?

Existe una tradición de pensamiento, sobre todo en cierta izquierda, que analiza el sionismo no por lo que dice ser, sino por su "función material e ideológica". Desde esta óptica, se disecciona como:

  • Estructura económica: Un capitalismo (o un socialismo) de colonos.

  • Superestructura política: Un aparato de Estado etno-nacional excluyente.

  • Aparato ideológico: Un uso instrumental de la religión y la cultura para legitimar la ocupación.

Esta disección, aunque útil para el análisis crítico, es engañosa como definición, porque omite el núcleo nacional que da coherencia a todo lo demás. Un socialista judío no sionista, por ejemplo, compartiría las ideas económicas pero no el objetivo del Estado judío. Por tanto, lo definitorio no es la economía, sino el nacionalismo.

El Punto Más Conflictivo: Sionismo y Antisionismo

No se puede explicar el sionismo sin abordar su oposición. El antisionismo no es una cosa sola, y confundir sus variantes es la madre de la confusión actual:

  1. Antisionismo judío ultraortodoxo (minoritario): Grupos como Neturei Karta rechazan el Estado de Israel por razones teológicas. Solo el Mesías puede restaurar la soberanía judía; un Estado humano es una herejía.

  2. Antisionismo político palestino y árabe: Es la oposición al proyecto sionista porque este implicó, en su realización, el desplazamiento y la desposesión del pueblo palestino (la Nakba), y niega su propio derecho a la autodeterminación en la misma tierra.

  3. Antisionismo de izquierda global (Post-sionismo): Critica al propio Israel por ser un "Estado judío" en lugar de un "Estado de todos sus ciudadanos". Su propuesta no es destruir Israel, sino transformarlo radicalmente para desvincularlo de una identidad étnico-religiosa concreta.

  4. ¿Cuándo el antisionismo es antisemitismo? Aquí está la línea roja. Negar el derecho del pueblo judío a un Estado propio —mientras se acepta ese mismo derecho para todas las demás naciones— sí es considerado antisemitismo por definiciones internacionalmente aceptadas (como la de la IHRA). Igualmente, usar "sionista" como un sustituto de "judío" para atacar a cualquier persona o institución judía, o responsabilizar a los judíos de la diáspora por las políticas del gobierno israelí, cruza esa línea. Criticar las políticas concretas de Israel, como se hace con cualquier otro país, no lo es.

Conclusión: Una Brújula para el Debate

Definir el sionismo como un mero "conjunto de pensamientos" es técnicamente impreciso y políticamente interesado. Oscurece su verdadera naturaleza: la de un movimiento de liberación nacional con un objetivo histórico claro —un Estado para el pueblo judío— que se dotó de diversas ideologías económicas, sociales y culturales para hacerlo realidad.

Hoy, el sionismo es la ideología de Estado de Israel, y como tal, un campo de batalla ideológico. Entender sus corrientes internas y las distintas oposiciones que genera es el primer paso para cualquier debate que aspire a ser algo más que un intercambio de consignas. La confusión reinante es, en efecto, muy grave, pero no es invencible. Requiere, eso sí, una pequeña dosis de historia y muchas ganas de no simplificar.


 Segundo Apunte: Los Fundamentos: "Nacionalismo Burgués" y Crítica Leninista

La base del análisis marxista parte de una premisa clara: el sionismo, antes que un movimiento de liberación, es una ideología nacionalista de la burguesía judía. Esta idea está presente en los escritos de Lenin y otros marxistas de su tiempo, quienes identificaron el proyecto sionista como una respuesta equivocada a la "cuestión judía" (la discriminación y persecución histórica).

Un proyecto de clase: Se argumenta que, lejos de representar los intereses de toda la comunidad judía, el sionismo surgió para servir los intereses de una élite. Buscaba crear un estado tapón funcional al imperialismo en Medio Oriente y, al mismo tiempo, desviar a los trabajadores judíos de la lucha de clases ofreciéndoles una salida nacionalista. El rol de Lenin: Aunque Lenin se opuso frontalmente a los pogromos (ataques violentos y sistemáticos contra un grupo étnico o religioso, acompañado de destrucción de bienes y, en ocasiones, asesinatos) zaristas, su solución a la cuestión judía no era un estado propio, sino la plena emancipación civil y la asimilación en el marco de una sociedad socialista. Por ello, consideraba el nacionalismo como una trampa reaccionaria de la burguesía para dividir a los trabajadores, y el sionismo, al aislar a los judíos, era visto como un obstáculo para la revolución proletaria.

La Profundización Teórica: Imperialismo y Colonialismo

Tras la creación del Estado de Israel en 1948, y especialmente después de la Guerra de los Seis Días en 1967, el análisis marxista se consolidó en una denuncia más amplia.

  • Sionismo como Colonialismo de Asentamiento: Tradicionalmente, el marxismo definió el proyecto sionista como una forma de colonialismo. Hoy, la categoría más precisa es la de colonialismo de asentamiento. A diferencia del colonialismo clásico (que busca extraer recursos mediante la explotación de la población nativa), el colonialismo de asentamiento procura apropiarse de la tierra y reemplazar a la población originaria. Se analiza al sionismo como un proyecto que, desde su origen, buscó construir una mayoría judía en Palestina mediante la inmigración masiva, la compra y expropiación de tierras, y el desplazamiento de la población palestina, culminando en la Nakba de 1948 y la ocupación posterior. Esta dinámica diferenciaría el caso israelí del de otros tipos de colonialismo.

  • Dependencia Imperialista: El marxismo sostiene que el Estado de Israel es inherentemente dependiente del imperialismo para su supervivencia y expansión. No se lo ve solo como la máxima potencia regional, sino como un instrumento clave del imperialismo estadounidense y occidental para controlar el Mediterráneo oriental y el mundo árabe, a cambio de apoyo militar, económico y diplomático.

Abraham León: Anatomía de un "Pueblo-Clase"

Una de las contribuciones marxistas más influyentes fue la del intelectual belga Abraham León. En su obra La concepción materialista de la cuestión judía (escrita durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ser asesinado en Auschwitz), León acuñó el concepto del pueblo judío como un "pueblo-clase".

Según su tesis, los judíos en la Europa precapitalista sobrevivieron como nación precisamente porque, al ser expulsados de la agricultura y otros oficios, se vieron forzados a ocupar un nicho económico específico (el comercio y la usura) que los definió como una clase social diferenciada. Con el desarrollo del capitalismo moderno, argumenta León, esa base material entró en crisis: la burguesía ya no los necesitaba como intermediarios, lo que generó nuevas formas de antisemitismo. Para León, el sionismo no era la solución, sino una ideología burguesa que intentaba exportar este "problema de clase" a Palestina, en lugar de resolverlo dentro de una lucha universal contra el capitalismo.

Matzpen: La Perspectiva de la Izquierda Radical Israelí

El grupo trotskista israelí Matzpen, fundado en 1962 por Moshé Machover, entre otros, representa una voz disidente fundamental desde dentro. Su análisis, heredero de las tesis de León, enfatiza que:

  • Los judíos de Israel no son una nación, sino un "grupo nacional" incompleto: Al carecer de una historia territorial continua y ser un conglomerado de inmigrantes, no conforman una nación en el sentido pleno del término. Su unidad se forja sobre el proyecto de colonización y la oposición al mundo árabe.

  • El conflicto es entre colonizadores e indígenas: La contradicción principal no es religiosa o nacional, sino un conflicto colonial entre la población judía-israelí asentada y el pueblo palestino nativo.

  • La única solución es una revolución socialista regional: Matzpen rechaza la solución de dos estados por considerarla inviable y sostiene que el sionismo solo puede ser eliminado mediante una revolución socialista que unifique al mundo árabe y establezca una federación donde tanto árabes como judíos-israelíes gocen de iguales derechos nacionales.

 El Antisionismo Marxista: Una Distinción Clave

El marxismo traza una línea muy clara entre antisionismo y antisemitismo, una distinción en la que insiste particularmente la tradición trotskista.

Para un marxista, el Estado de Israel no representa al pueblo judío mundial, sino los intereses de su clase dominante y del imperialismo. De hecho, destacan que figuras clave del marxismo, como el propio Karl Marx, Rosa Luxemburgo, León Trotsky o el citado Abraham León, eran de origen judío, y que las organizaciones trotskistas estuvieron en la primera línea de la resistencia armada en el levantamiento del Gueto de Varsovia contra los nazis. Por tanto, su oposición al sionismo es una posición política contra un proyecto nacionalista y colonial, y en su marco teórico, combatir el sionismo es combatir una forma de opresión, no un ataque contra los judíos como pueblo.


En síntesis, para el pensamiento marxista, el sionismo no es una identidad o un movimiento de liberación, sino un fenómeno de clase funcional al capitalismo y al imperialismo, cuya superación no pasa por la consolidación de un Estado judío, sino por su disolución en una revolución socialista que emancipe a oprimidos y opresores por igual.

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