El Fantasma en la Plaza: Cómo el PRT Nos Sonríe desde las Acampadas del 15-M
Por quien estuvo allí
Aún resuena en mis oídos el rumor de la Plaza Catalunya en 2011. El zumbido constante de cientos de asambleas, el crepitar de las redes sociales traduciendo nuestro deseo a bytes, la energía tangible de un pueblo que despertaba. Hoy, años después, mientras analizo fríamente la estrategia de movimientos revolucionarios como el PRT, una sonrisa se dibuja en mi rostro. Es la sonrisa de quien descubre un secreto: en aquellas plazas, sin saberlo, estábamos aplicando la lección más valiosa de aquellos militantes. No su táctica, sino su estrategia sinérgica. El fantasma del PRT, lejos de parecer un anacronismo, nos sonríe con complicidad, porque vió en nosotros la reinvención de su lógica fundamental: la construcción de un poder popular, multifacético y superior a la suma de sus partes.
Nuestra “Guerra Prolongada” fue la Asamblea
El PRT entendió que la revolución no era un estallido, sino un proceso de acumulación de fuerzas, una “guerra prolongada” donde lo militar y lo político se alimentaban mutuamente. Nosotros, en nuestra lucha pacífica y democrática, descubrimos lo mismo. Nuestra “trinchera” no era la montaña, sino la plaza pública. Nuestra “forma principal de lucha” no era el fusil, sino la asamblea horizontal.
Donde ellos combinaban el trabajo de fábrica con la acción armada, nosotros combinábamos la acampada física con la viralización digital. Donde ellos buscaban construir un “frente único” de obreros y estudiantes, nosotros, sin planificación central, aglutinamos a la “marea ciudadana” del 99%. Éramos estudiantes, profesores, enfermeras, jubilados, parados. La plaza era el crisol donde todas las luchas dispersas—la ecología, la vivienda, la educación, la sanidad—se fundían en una sola crítica sistémica. Era la sinergia en estado puro: éramos más juntos, y éramos algo nuevo.
“Mandar Obedeciendo”: El Nuevo Poder Popular
Recuerdo la incredulidad de los periodistas ante nuestra falta de “líderes”. No lo entendían. Nosotros no buscábamos tomar el poder del Estado; estábamos construyendo un poder nuevo en el hueco del viejo. El PRT hablaba de “doble poder”; nosotros creamos espacios de autoorganización que funcionaban como un espejismo de la sociedad que queríamos: democrática, horizontal, solidaria.
Las comisiones de trabajo—comunicación, acción, cuidados, cocina—eran nuestras “unidades de combate” no violentas. El “mandar obedeciendo” del EZLN, que tanto admiré después, lo practicamos de forma intuitiva. Cada decisión, por tediosa que fuera, pasaba por el filtro de la asamblea. Era lento, era caótico, pero era legítimo. Era el poder de la inteligencia colectiva. El fantasma del PRT, que tanto insistió en que la fuerza militar era inútil sin un proyecto político de masas, asentiría satisfecho. Nosotros demostramos que el proyecto político podía ser, en sí mismo, la fuerza principal.
La Herencia que no está en los Libros, sino en la Calle
Ahora veo con claridad los hilos que nos unen. La tradición de la protesta visual con murales y grafitis que heredamos de luchas anteriores y llevamos al corazón de la ciudad. La evolución de aquella energía en las “Mareas Ciudadanas” que, bajo consignas como el “23F”, unieron de manera explícita a trabajadores de todos los sectores contra lo que veíamos como un “golpe de estado financiero”. Todo eso fue la sinergia aprendiendo, adaptándose y perseverando.
Por eso, cuando hoy analizo fríamente la consigna “Todo el Poder a Sendero” o la estrategia del PCP, no siento rechazo, sino una profunda conexión estratégica. Comprendo el impulso, aunque rechace su método. Ellos buscaban, a su manera, esa misma sinergia transformadora.
Conclusión: Nuestra Victoria fue el Proceso
El fantasma del PRT nos sonríe no porque consiguiéramos tomar el poder, sino porque demostramos que su lógica central sigue viva. La verdadera revolución no es la que destruye, sino la que construye sinérgicamente. Nuestra victoria no fue un programa de gobierno; fue el proceso mismo. Fue descubrir que un pueblo diverso puede autoorganizarse, puede pensar juntos y puede, aunque sea por un verano, prefigurar un mundo donde quepan muchos mundos.
Aquel que participó en la movida lleva consigo, para siempre, la sonrisa del fantasma. Porque sabe que la energía revolucionaria no muere; solo se transforma, esperando la próxima plaza, la próxima asamblea, el próximo pueblo que descubra que su fuerza reside, al fin, en actuar juntos.
Comentarios
Publicar un comentario