馃摙 La unidad que viene
Sobre coincidencias, aprendizajes y la construcci贸n de un camino com煤n
Hay momentos en la historia en los que las certezas se vuelven un lujo que no podemos pagar. Momentos en los que el enemigo com煤n es tan evidente que las diferencias secundarias deber铆an pasar a un segundo plano. No para disolverse, sino para ordenarse en funci贸n de una prioridad mayor: la defensa de lo que hemos construido colectivamente y la apertura de un horizonte donde la esperanza no sea una ingenuidad.
Ese momento es ahora.
I. El diagn贸stico que nos une
No hace falta ser marxista para ver lo que est谩 pasando. El ajuste no es un fen贸meno econ贸mico: es una ofensiva cultural, pol铆tica y social contra todo lo que nos reconoce como pueblo. La universidad p煤blica, la salud gratuita, la ciencia, el trabajo digno, la memoria de los ca铆dos, la soberan铆a sobre nuestros recursos: todo est谩 en la picota.
Quienes hoy gobiernan no son improvisados. Son la expresi贸n m谩s descarnada de un proyecto que viene de lejos, que ya prob贸 sus efectos en los a帽os 90 y que ahora vuelve con renovada ferocidad. No es una disputa entre dos modelos de pa铆s. Es una disputa entre dos concepciones del mundo: una que concibe a la sociedad como un mercado y otra que la entiende como una comunidad de destinos compartidos.
Frente a esto, la fragmentaci贸n no es una opci贸n. Es una condena.
II. Lo que la historia nos ense帽贸
Quienes venimos de tradiciones que supieron poner el cuerpo en los momentos m谩s duros hemos aprendido, a veces con dolor, que la pureza de las posiciones no siempre es la mejor aliada de la eficacia pol铆tica. Hemos aprendido que el sectarismo, por m谩s coherente que sea en el papel, suele ser el mejor amigo del enemigo. Hemos aprendido que la revoluci贸n no se hace con esl贸ganes, sino con pasos concretos, con alianzas inc贸modas, con paciencia y con audacia.
No se trata de renunciar a los principios. Se trata de entender que los principios no se traicionan cuando se los pone al servicio de una estrategia, sino cuando se los convierte en un fetiche que nos impide ver la realidad. La historia est谩 llena de ejemplos de movimientos que, por aferrarse a su pureza, terminaron siendo irrelevantes. Y tambi茅n est谩 llena de ejemplos de movimientos que, por haber sabido tender puentes, lograron transformar el mundo.
La lecci贸n es clara: la unidad no es un fin en s铆 mismo, pero es el camino m谩s corto hacia el fin que buscamos.
III. Las coincidencias que nos convocan
M谩s all谩 de las diferencias program谩ticas, hay un conjunto de coincidencias que deber铆an ser suficientes para sentarnos a dialogar:
El rechazo al endeudamiento externo como mecanismo de subordinaci贸n.
La defensa de la educaci贸n y la salud p煤blicas como derechos, no como mercanc铆as.
La soberan铆a sobre los recursos naturales como condici贸n de cualquier desarrollo aut贸nomo.
La memoria y la justicia como pilares de una sociedad que no repite los errores del pasado.
La defensa de los derechos humanos frente a cualquier intento de relativizarlos.
Estas coincidencias no son menores. Son el piso sobre el cual se puede construir un acuerdo t谩ctico que, sin exigir fusiones ni renuncias, permita avanzar en una direcci贸n com煤n. No se trata de que todos pensemos igual. Se trata de que, en lo fundamental, actuemos juntos.
La historia nos ense帽a que los grandes cambios nunca fueron obra de una sola fuerza, sino de una confluencia de voluntades diversas que supieron articularse en el momento justo.
IV. La construcci贸n de puentes
Construir puentes no es sencillo. Requiere generosidad, capacidad de escucha y, sobre todo, la convicci贸n de que el enemigo com煤n es m谩s importante que las diferencias secundarias. Requiere entender que el otro no es un adversario a vencer, sino un aliado potencial con el que compartimos m谩s de lo que nos separa.
No se trata de diluir las identidades. Se trata de ponerlas al servicio de un objetivo com煤n sin perder de vista lo que cada uno es. No se trata de renunciar a los programas. Se trata de entender que los programas no son l铆ticos, que se construyen y se enriquecen en el di谩logo y en la pr谩ctica.
La unidad no es una claudicaci贸n. Es una decisi贸n pol铆tica.
V. La oportunidad que no podemos desaprovechar
El escenario electoral que se abre es incierto, pero tambi茅n es promisorio. Hay un espacio para construir una alternativa que, sin ser perfecta, sea suficientemente amplia y s贸lida como para derrotar al proyecto de ajuste y entreguismo que nos amenaza. Ese espacio no se construye desde el dogmatismo, sino desde la inteligencia t谩ctica y la generosidad estrat茅gica.
No se trata de pedirle a nadie que renuncie a lo que es. Se trata de pedirle a todos que est茅n a la altura de las circunstancias. Se trata de entender que, en este momento, la unidad no es una concesi贸n al reformismo, sino una exigencia de la realidad.
VI. Lo que est谩 en juego
No exageramos cuando decimos que est谩 en juego el futuro de nuestro pa铆s. El proyecto que hoy gobierna no se detendr谩 en el ajuste econ贸mico. Su objetivo es transformar la sociedad entera, desmantelar todo lo que nos reconoce como comunidad, privatizar hasta la memoria, hasta la dignidad.
Frente a eso, cualquier diferencia parece menor. Frente a eso, cualquier debate sobre estrategias parece secundario. Lo urgente es detener el avance de este proyecto, y eso solo se logra con una voluntad colectiva que trascienda las pertenencias org谩nicas.
No es una elecci贸n m谩s. Es una batalla. Y en las batallas, la unidad es la primera condici贸n de la victoria.
VII. Conclusi贸n: la hora de los acuerdos
El tiempo apremia. Las definiciones se acercan. La oportunidad de construir un frente lo suficientemente amplio como para derrotar al proyecto neoliberal es real, pero no ser谩 eterna. Hay que actuar ahora, con prudencia pero tambi茅n con decisi贸n, con respeto por las diferencias pero tambi茅n con la conciencia clara de que el enemigo es uno solo.
No estamos pidiendo imposibles. Estamos pidiendo lo m铆nimo: que cada fuerza est茅 a la altura de las circunstancias, que cada uno ponga su mejor esfuerzo al servicio de un objetivo com煤n, que no dejemos que las diferencias secundarias nos impidan ver lo que nos une.
La unidad no es una concesi贸n. Es una exigencia de la historia.
Joan Prim
"La total unidad que es posible, se conquistar谩, en un proceso gradual a desarrollarse paso a paso en todos los niveles, en la base y en la direcci贸n, que requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideol贸gica."
— Mario Roberto Santucho
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