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Ahora te toca a vos. 1° parte.

 CARTA A LOS QUE ESTÁN ABAJO

Para leer en ronda, para pasar de mano en mano


PRIMERO: LO QUE PASA

Mirá, vamos al grano. Esto no es un discurso. Esto es una conversación entre los que sobran para el sistema.

El sistema es una máquina que fabrica desierto. Te saca el agua, te saca la memoria, te saca la fuerza. Te deja solo, peleando solo, muriendo solo. Eso no es casual. Lo hacen a propósito. Porque un tipo solo se domina fácil. Un barrio solo se desaloja fácil. Una lucha sola se mata de hambre fácil.

Pero hay algo que ellos no entienden: abajo hay agua. Abajo hay semilla. Abajo hay fuego.


SEGUNDO: LO QUE ELLOS QUIEREN QUE OLVIDES

Ellos quieren que creas que tu problema es solo tuyo. Que la yuta te para porque vos te lo buscaste. Que no conseguís laburo porque no te esforzás. Que la villa es una mancha y vos sos la mancha.

Mentira. Todo mentira.

El que te para en la esquina es el mismo que le saca la tierra al hermano indígena. El que te niega el laburo es el mismo que mata a la compañera trans. El que desaloja tu casa es el mismo que envenena el río. Todo está atado. Es la misma máquina con distintas caras.

Ellos tienen sus palabras: "mercado", "ajuste", "sacrificio". Palabras que suenan lindas pero esconden la miseria. Nosotros tenemos que tener las nuestras. Palabras que digan lo que duele.


TERCERO: LO QUE SABEMOS SIN QUE NADIE NOS ENSEÑE

Hay un saber que no se aprende en la universidad.

La vieja que cría cinco pibes sola sabe más de organización que cualquier gerente. El piquetero que sostiene la olla popular sabe más de economía que cualquier ministro. El que sobrevive en la villa sabe más de estrategia que cualquier general. Ese saber está ahí, abajo, durmiendo. Hay que despertarlo.

No hace falta que venga un iluminado a decirte lo que tenés que hacer. Ya sabés. Lo que hace falta es juntarse. Hablar. Reconocerse. Descubrir que el problema del vecino es el tuyo, que la lucha de la compañera es la tuya, que la fuerza de todos es más grande que la miseria de cada uno.


CUARTO: LOS QUE YA PISARON ESTE CAMINO

Hubo uno, Rodolfo, que laburaba de cualquier cosa. Un día escuchó que había un tipo que había sobrevivido a una masacre. En vez de quedarse en su casa, salió a buscarlo. Se metió en los barrios, habló con la gente, juntó testimonios. Armó un libro entero con la voz de los que habían estado ahí. Después, cuando vinieron los militares, escribió una carta. Les dijo clarito: "los desaparecidos son una herida abierta". Al otro día lo mataron. Pero la carta quedó.

Otro, Haroldo, amaba el río. Escribía sobre los que viven en los márgenes, los que nadie mira. Decía que la literatura tenía que ser como cantar en medio del camino: simple, clara, con el corazón. También lo desaparecieron. Pero sus palabras siguen navegando.

Otro, Paco, escribía poemas y manejaba un fusil. Decía que la alegría es un arma. Que si no hay alegría, la lucha no sirve. Lo mataron peleando.

Otro, Roberto, laburaba en un puesto de feria. Fue pintor, vendedor, preceptor. Escribía poemas cortitos, como puñaladas. Decía: "hacer que la palabra sea un hecho". Un día fueron a buscarlo a la escuela donde trabajaba. Dijeron que eran familiares de un alumno. Se lo llevaron. Hasta hoy no aparece. Pero dejó escrito: "dirán de mí / todavía está entero".

Otro, Carlos, fue de los que pensó que la lucha tenía que juntar lo que andaba separado. Que el del barrio y el de la fábrica tienen que encontrarse. Porque la fuerza está en el encuentro, no en la pureza. Murió peleando, con las armas en la mano.

Otro, Juan, escribía cartas a su hijo muerto desde el exilio. Pasó treinta años buscando a su nieta. Cuando la encontró, no le dijo "soy tu abuelo". Le dijo "soy un viejo que te quiere". Porque el amor no es sangre, es decisión.

Otro, Julio, miraba el río desde el puente. Veía que abajo pasaban los muertos, los vivos, los que vendrían. Escribió un libro que se podía leer en cualquier orden, como la vida misma.

Otro, Arthur, mucho antes, dijo: "yo es otro". Y quería decir que nadie es uno solo. Que todos somos muchos. Que la fuerza está en reconocerse en el otro.

Otro, Félix, decía que el deseo no es falta, es producción. Que no luchamos por lo que nos falta, luchamos por lo que podemos crear juntos.

Otro, Gilles, decía que hay una máquina de guerra que no es el ejército. Son las bandas, las rondas, las asambleas. Todo lo que el poder no puede capturar sin destruir.

Otro, Pierre, decía que el poder no es solo fuerza bruta. También fabrica creencias. Te hace creer que el desierto es natural, que la miseria es destino. La lucha es desarmar esas creencias.

Otro, León, estudió a los que viven en las villas. Vio cómo se organizan, cómo resisten, cómo crean cultura donde sólo hay miseria. Dijo que el villero no es un desechado, es un constructor.

Otro, Noé, escribió sobre la ciudad y sus grietas. Dijo que los locos no están locos, están viendo lo que otros no quieren ver. Que la resistencia también está en la cabeza.

Estos tipos no eran distintos a vos. Laburaban, sufrían, tenían miedo. Pero hicieron algo: usaron la palabra como herramienta. No para adornar, para cavar. Para llegar hondo. Para que otros pudieran pararse sobre lo que ellos cavaron.


QUINTO: LO QUE PODEMOS HACER JUNTOS

Escuchá bien, que esto es importante:

Juntarse. No importa si son dos, si son diez, si son cien. Que la ronda de mujeres hable con los pibes del centro cultural. Que la cooperativa hable con la asamblea vecinal. Que el comedor hable con la huerta comunitaria. Cuando las luchas se encuentran, se hacen más grandes.

Acordarse. La memoria no es para viejos. Es para todos. Acordarse de lo que pasó, de los que lucharon antes, de los que cayeron. Esa memoria es fuerza. Te agarra de la mano y te dice: "no estás solo, ya otros pasaron por acá". El que no se acuerda, repite los errores. El que se acuerda, camina más seguro.

Nombrar. Decir las cosas como son. Si es desalojo, desalojo. Si es hambre, hambre. Si es bala, bala. No dejar que ellos nos cambien el nombre. No dejar que nos hagan creer que la culpa es nuestra.

Alegrarse. Esto parece una pavada, pero no lo es. El que lucha sin alegría, se cansa, se rinde, se apaga. La alegría es el termómetro de la lucha. Si hay risa, si hay fiesta, si hay abrazo, la lucha puede durar. Por eso ellos odian la fiesta, odian el baile, odian la cumbia. Porque saben que la gente que baila junta es más difícil de dominar.

Cavar hondo. No quedarse en la superficie. Buscar las raíces. El desalojo de hoy tiene la misma firma que la dictadura de ayer. La bala que mata al pibe es la misma que mató al militante. Todo está conectado. Hay que cavar para ver las conexiones.

Tejer fino. Conectar lo que parece separado. La violencia contra la mujer y el envenenamiento del río son la misma lógica. El desprecio por el villero y el desprecio por el extranjero son el mismo odio. Hay que tejer para mostrar que todo es uno.

Sembrar variado. No poner una sola semilla. Poner muchas. Para que después sea selva, no plantación. Para que sea imposible de desmalezar. La selva tiene eso: es tan densa que no hay máquina que pueda con ella.


SEXTO: LO QUE NO TE VAN A DECIR EN LA TELE

Hay algo que ellos no entienden. No entienden cómo hace una madre para dar de comer a cinco pibes con dos pesos. No entienden cómo hace un pibe para crecer en la villa y no perder la ternura. No entienden cómo hace un barrio para organizarse cuando la policía mata a uno de los suyos.

No lo entienden porque no lo viven. Ellos viven en otro país, aunque estén a veinte cuadras. Hablan otro idioma, aunque usen las mismas palabras.

Nosotros, sí. Nosotros sabemos. Sabemos lo que es laburar en negro. Sabemos lo que es la yuta. Sabemos lo que es la olla. Sabemos lo que es el frío en la casa. Y también sabemos lo que es la ayuda del vecino, la ronda que se arma, el abrazo que salva.

Ese saber es nuestro. Y es más fuerte que todos sus títulos.


SÉPTIMO: LO QUE DEJAMOS

Uno de ellos, antes de irse, escribió: "no morirás del todo, amigo mío, de esa muerte lenta de los que olvidan". Quiere decir: si te acordás de mí, si decís mi nombre, si contás mi historia, no muero del todo.

Otro dejó escrito: "cuando me haya ido, quiero que me recuerden como a un río que pasa y no vuelve, pero deja su sed en las orillas". Esa sed es lo que nos queda. Es lo que nos junta. Es lo que nos hace seguir.

El legado no es lo que dejamos. Es lo que otros toman. Es el verso que alguien copia en una pared. La herramienta que alguien encuentra en un galpón abandonado. La canción que alguien canta sin saber de dónde viene.

El legado se transmite por contacto. Por estar cerca. Por hacer juntos. Por reír de las mismas cosas. Por llorar las mismas muertes. Por compartir el mismo pan.


OCTAVO: LLAMADO A LOS DE ABAJO

A los que laburan en negro y a los que no consiguen laburo.
A las madres que crían solas y a los pibes que crecen en la calle.
A los que la yuta para y a los que el patrón explota.
A los que viven en la villa y a los que resisten en el monte.
A las compañeras trans que la pelean todos los días y a los viejos que no llegan a fin de mes.
A los pibes que se juntan en la esquina y a las pibas que bailan en la plaza.
A los que lloran a sus muertos y a los que paren sus hijos.
A todos los que sobran para este sistema.

Escuchen: no sobran. Sobran para ellos. Para nosotros, son los que hacen falta. Son la fuerza. Son la semilla. Son el agua.

El desierto avanza, sí. Todos los días la arena sube, el olvido crece, el miedo se vuelve costumbre.

Pero abajo está el agua.
En el fondo están los huesos.
En la memoria está el fuego.


POR ESO:

Juntate. Con el vecino, con el compañero, con el que está solo.

Hablá. Con tus palabras, las que sabés, las que te salen.

Acordate. De los que cayeron, de los que lucharon, de los que abrieron el camino.

Celebrá. Con risa, con baile, con abrazo.

Cavá. Hasta encontrar las raíces.

Tejé. Hasta conectar lo que parece separado.

Sembrá. Muchas semillas, para que sea selva.


NO ESPERES ÓRDENES. NO ESPERES LÍDERES. NO ESPERES PERMISO.

El líder sos vos cuando te juntás con otro.
La orden es la necesidad.
El permiso te lo da el que está al lado.

Uno de ellos lo dijo claro: "el pueblo nos da la palabra". Y al pueblo hay que rendirle cuentas.

Otro lo dijo más claro todavía: "hacer que la palabra sea un hecho".

Eso es lo que vamos a hacer. Palabra hecha hecho. Poesía hecha acción. Teoría hecha práctica. Lucha hecha vida.


AHORA.
AHORA.
AHORA.

Andá y busá a tu vecino.
Andá y juntate con los otros.
Andá y acordate de los que cayeron.
Andá y decí lo que pensás.
Andá y reíte, aunque duela.

El que está solo, que se junte.
El que tiene miedo, que hable.
El que perdió la esperanza, que mire al costado: ahí está el otro, esperando.

No estamos solos.
Nunca lo estuvimos.

La madeja crece.
El fuego arde.
La sed nos junta.


Esto no es para guardar. Esto es para pasar. Para leer en voz alta. Para discutir en la ronda. Para copiar en una pared.

Pasalo de mano en mano. Como se pasa el mate. Como se pasa la vida.

Los que ya se fueron están acá. En esta conversación. En este mate. En esta decisión de seguir.

Ahora te toca a vos.

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