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Una criatura del Secretariado Unificado

 

El absurdo de la Fracción Roja, el fraccionalismo según Santucho y la cofradía china


I. La Fracción Roja: una criatura del Secretariado Unificado

Hablemos claro. Cuando se menciona la Fracción Roja (FR), no nos estamos refiriendo a la heroica Rote Armee Fraktion (RAF) alemana, esa organización que, con todos sus aciertos y errores, plantó cara al imperialismo en el corazón de Europa. Nada de eso. La Fracción Roja que nos ocupa fue una criatura de escritorio, un armado del Secretariado Unificado (SU) de la IV Internacional y de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) francesa.

Su origen es revelador. La Fracción Roja nació en enero de 1973, no como una expresión orgánica de la clase obrera argentina, sino como una escisión del PRT-ERP, motivada por la fidelidad de un sector a la IV Internacional, en contraposición a la dirección de Mario Roberto Santucho, que había decidido romper con aquella. Sus cuadros provenían del Comité Militar de la Regional Buenos Aires Sur del ERP, y estaban dirigidos por antiguos mandos medios como José Joe Baxter, todos ellos alineados con las directivas internacionales del mandelismo.

¿Cuál era su propósito fundamental? Ser la Sección Argentina del Secretariado Unificado. Es decir, una fracción concebida no desde las necesidades de la lucha local, sino desde los despachos de la burocracia trotskista europea. Un grupo de militantes enviados por la IV Internacional a Argentina para "vivir la experiencia", como quien hace una pasantía, y que terminó compitiendo con el propio ERP, imitando su esquema organizativo pero sin su arraigo social.

Este es el primer absurdo: una organización que se autodenominaba "revolucionaria" pero cuya razón de ser era, fundamentalmente, disciplinarse a una dirección internacional que había perdido todo contacto con la realidad latinoamericana.


II. El fraccionalismo según Santucho: la crítica del combatiente

Aquí es donde la figura de Mario Roberto Santucho se vuelve central. Santucho no era un teórico de salón. Era el conductor del PRT-ERP, la organización que, desde una perspectiva guevarista, había logrado combinar la lucha armada con un trabajo de masas sin precedentes en Argentina.

Su visión sobre el fraccionalismo era radical y se forjó en los años duros. Santucho entendió que el fraccionalismo, en especial el promovido por las direcciones trotskistas internacionales, era un veneno para la revolución. No se trataba de una disputa teórica menor. Para él, las divisiones internas no eran un juego de corrientes, sino una cuestión de vida o muerte en la clandestinidad.

La ruptura con la IV Internacional no fue un capricho. Fue una necesidad política. Santucho vio con claridad que el Secretariado Unificado, encabezado por Ernest Mandel, pretendía subordinar las particularidades de la lucha argentina a una línea internacional abstracta y burocrática. La dirección del PRT-ERP fue tajante: no aceptó a los enviados del SU y rechazó sus pretensiones de control. La respuesta del mandelismo fue inmediata: creó una "fracción paralela", la Fracción Roja, para disputarle la hegemonía a la verdadera organización revolucionaria.

Este es el corazón de la crítica de Santucho: el fraccionalismo no es una herramienta para corregir rumbos, sino un instrumento de los burócratas para imponer su dominio allí donde no tienen inserción real. La Fracción Roja no nació de un debate sincero en las bases del ERP. Nació como una operación de ingeniería política del SU y la LCR francesa para tener un apéndice en Argentina.


III. La cofradía china: la antítesis del fraccionalismo

Frente a este panorama de divisiones estériles y peleas de sectas, se alza un modelo diametralmente opuesto: la "cofradía china". No se trata de un término despectivo, sino de una categoría política que describe el funcionamiento real del Partido Comunista de China.

¿Qué es una cofradía? Una comunidad unida por lazos más profundos que un simple acuerdo político: disciplina férrea, lealtad al proyecto común y una memoria histórica activa que no se disuelve en discusiones nominalistas. La "cofradía china" es el antídoto perfecto contra el fraccionalismo pequeño-burgués.

Mientras que el trotskismo y sus derivas mandelistas se caracterizan por la fragmentación perpetua —cada dos por tres surge una nueva "fracción", un nuevo "grupo", una nueva "corriente"—, la tradición china se ha mantenido unida durante más de un siglo, construyendo poder real, transformando la sociedad y sosteniendo una revolución ininterrumpida.

La "cofradía china" no se pregunta "¿cómo se dice?". Pregunta "¿qué se hace?" . No exige pureza de fórmulas. Exige resultados en la construcción del socialismo. Mientras la Fracción Roja se desangraba en peleas internas por la adhesión al SU, mientras los mandelistas discutían sobre la "línea correcta" en sus revistas europeas, el Partido Comunista de China estaba levantando un país, sacando de la pobreza a cientos de millones de personas y demostrando que el socialismo no es una cátedra, sino una práctica.


Conclusión: tres modelos, una lección

Tenemos entonces tres modelos de organización en pugna:

  1. La Fracción Roja (FR) : la criatura del mandelismo, nacida de una escisión inducida desde fuera, sin arraigo real, destinada a la irrelevancia y a la autodestrucción.

  2. El PRT-ERP de Santucho: una organización que, con todos sus límites, entendió que el fraccionalismo es un lujo que los revolucionarios no pueden permitirse, y que prefirió romper con una dirección internacional burocrática antes que dividir sus filas.

  3. La cofradía china: la negación viviente del fraccionalismo. Una organización que ha demostrado que la unidad y la disciplina no son enemigas de la creatividad revolucionaria, sino sus condiciones de posibilidad.

La lección es clara. El fraccionalismo no es una "riqueza de tendencias". Es, como bien lo diagnosticó Santucho, una enfermedad de los pequeños grupos que no logran conectar con las masas. Y la cura no está en más fracciones, más siglas, más discusiones sobre "la línea". La cura está en la cofradía: en la lealtad al proyecto común, en la disciplina orgánica y en la práctica transformadora. Como dice el refrán chino: "Las mil millas comienzan con un solo paso" . Pero ese paso no se da discutiendo en un cenáculo. Se da en el terreno, con el pueblo, construyendo poder real. Eso es lo que los fraccionalistas nunca entenderán.

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